¿Por qué nos hartamos de la cuarentena y qué hacer para sentirnos mejor?

Interes General 23 de agosto de 2020 Por AO
El cumplimiento de la cuarentena no se negocia, expertas explican ese hartazgo que tanto se repite y nuevas formas de vincularnos para poder respetar el aislamiento de la mejor manera posible.
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Después de más de cinco meses de cuarentena, el cansancio de la gente se empieza a notar, al igual que el aumento de casos positivos de coronavirus. Argentina empieza a subir en los rankings mundiales (N°12 en contagios y N° 18 en fallecidos) mientras seguimos esperando llegar al “pico de contagios”. 

A pesar de la situación que estamos viviendo, durante el último mes muchas personas se “relajaron” con el aislamiento. Desde que comenzó la pandemia se reportaron más de 100.000 denuncias de incumplimiento de la cuarentena.En las últimas semanas se viralizaron casos de incumplimiento de la cuarentena que fueron repudiados fuertemente por las redes sociales. Desde fiestas clandestinas a reuniones familiares y algunas que tomaron mayor notoriedad como el grupo de jóvenes que se reunió en la puerta de un bar en Recoleta.

Estas conductas no pueden justificarse de ninguna manera pero hablamos con dos profesionales de la salud mental para explicar por qué sentimos lo que sentimos después de tantos meses de encierro. Nicole Blachman es licenciada en Psicología (M.N. 71785) y Gabriela Ithurralde es licenciada en Psicología (M.P. 35164), especialista en psicoterapia cognitiva y especialista en el modelo sistémico.

“Estoy harto de la cuarentena”
“Somos seres biológicos. Lo que tratamos de hacer es la preservación de la especie y de nosotros mismos. Cuando vino una medida restrictiva (a partir del 20 de marzo), nos fuimos preparando mentalmente para frenar dos semanas. Como está relacionado con la preservación, se hace y no se discute. Es fácil sostener algo que te genera una gran incomodidad por poco tiempo”, explicó Gabriela Ithurralde en diálogo con Filo.news.

“Al principio actúa el temor: miedo a enfermar, miedo a morir y a enfermar a otros que queremos”, consideró Ithurralde sobre el comienzo de la cuarentena y sobre el miedo, profundizó: “Cuando una persona tiene miedo, percibe algún tipo de amenaza que es más grande que los recursos que tengo para hacerle frente. Cuando decían ‘lo único que podés hacer es quedarte en casa’, nos estaban dando el único recurso que teníamos para enfrentar a una enfermedad desconocida”.

Pero lo que en principio iban a ser algunas semanas, terminó siendo casi medio año: “Lo que empezó a pasar después es que esa incomodidad cambió: no es lo mismo estar en una cuarentena con tranquilidad económica o no, no es lo mismo para aquel que sigue teniendo trabajo y el que lo perdió. Empiezan a aparecer otras incomodidades que, como se tienen que sostener por más tiempo, es más difícil para nuestro cerebro”, puntualizó Ithurralde.

Sobre el miedo también habló Nicole Blachman: “En marzo la cuarentena era algo novedoso y por un plazo corto, pero esto no fue así. Los humanos tenemos la capacidad de habituarnos a las situaciones y así también al miedo. El término utilizado es ‘desensibilizarnos’. Entonces: la cuarentena comenzó con mucho miedo al Covid-19 pero, con el paso de los días, este miedo (que antes motivaba al encierro) se fue perdiendo y empezó a ganar la desmotivación, lo que lleva a romper el aislamiento”.

“A esto le sumamos que al sentirnos aislados o solos entramos en un estado donde lo emocional supera lo racional. Ahí arranca la sensación de que la vida pasa y nos la perdemos, sumado a que la soledad nos enfrenta también con nuestros propios fantasmas: nos cuestionamos ciertos temas que antes no pensábamos, justamente para evitar la angustia que provocan”, ahondó Blachman sobre lo que nos genera el encierro.

Respecto a las consecuencias de la cuarentena, Ithurralde desarrolló: “La gente que tiene tendencia a engordar, el 60% aumentaron de peso en la cuarentena. Las personas que tenían algún tipo de ansiedad, aumentaron un 30% sus niveles ansiógenos. Lo mismo pasó con la depresión. Aumento de peso, aumento mi ansiedad o mi depresión, tal vez pierdo el trabajo... la amenaza de quedarse adentro puede llegar a ser mayor que la enfermedad que está afuera”.

Sobre cómo razonan algunos la cuarentena, Ithurralde resumió: “Primero te amenazaba solo un virus. Cuando empezó a transcurrir el tiempo, lo que tenemos que hacer para protegernos (quedarnos en casa y todo lo que eso conlleva) se transformó en una amenaza aún mayor para algunos”.

“Tengo que seguir cuidándome, ¿cómo hago para cumplir la cuarentena y sentirme mejor?”
Blachman recomienda aprovechar la tecnología para los que tenemos lejos: “Reducir los mensajes y pasar a las videollamadas, es mucho más personal. Organizar planes virtuales, ya sea comer, entrenar, ver una peli, jugar a algo. Todo lo que nos haga sentir más cerca y sea cuidado es bienvenido”. 

“Tenemos que pensar alternativas, en lugar de pensar en todo lo que no podemos hacer. No podemos estar esperando al día que podamos hacer un asado o en una fiesta. Hay que pensar en una nueva manera de vincularse. Nos tenemos que acostumbrar para que la amenaza no llegue a un tamaño tan grande que haga que creas que no tenés recursos para enfrentarla”, desarrolló Ithurralde y recomendó: “Podemos salir a caminar con un amigo: siempre usando barbijo, respetando el distanciamiento y aprovechando el aire libre que hay menos riesgo de contagio”.

Blachman también pone el foco en tener una rutina: respetar las horas de sueño, organizar los días, hacer actividades, estar en movimiento. Recordemos que estamos cumpliendo con la cuarentena, pero que nuestra vida sigue. Nuestra vida no está en “pausa”. Si está en nuestras posibilidades, aprovechemos la cuarentena para aprender o hacer cosas que antes no teníamos tiempo. 

Poco a poco las restricciones se van levantando y tenemos que aprovechar eso con los mismos recaudos que tenemos desde marzo. Si salís de tu casa, recordá usar barbijo, mantener distancia e higienizarte las manos regularmente.

AO

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